¿Otra vez Frijoles con Puerco, Presidente?

Las familias mexicanas estamos tratando de cerrar el año de la mejor manera posible, ajenos a la horrible disputa entre MORENA y el ala radical del PAN por la memoria del infortunio sufrido por el matrimonio Moreno-Alonso, y tómala, que el presidente de México regresa al trigo.

La noticia y los funerales de la gobernadora poblana y el coordinador panista en el senado de la república quedaron enterrados bajo una montaña de lodo que se han restregado mutuamente y con generosidad los cobardes sin rostro que siembran la insidia en contra del incipiente gobierno de México, y las  sobrerreacciones de un mandatario que se olvidó de los buenos modales.

Pudiera extenderme ampliamente para retratar las cualidades hitlerianas de los ultras panistas, los ubicados en la derecha de la geometría política, porque también hay los conocidos como la familia feliz, pero esta vez quiero enfocarme exclusivamente en la falta de pericia del titular del poder ejecutivo federal, el cual debió mostrar sus afanes de estadista en un asunto tan delicado como el que nos ocupa.

De ninguna manera se entienda mi opinión como un intento de censurar la libertad de expresión del presidente mexicano, para nada; cito: “Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”, atribuida a Voltaire, aunque en realidad  la utilizó la biógrafa británica del autor francés, Evelyn Beatrice Hall, en el libro Los amigos de Voltaire.

Tildar de neofacistas y mezquinos a grupos radicales enquistados en todos los partidos políticos no debe asombrarnos, ni que lo diga el presidente. Generalmente echan mano de adjetivos y calificativos para atacar a sus oponentes, o defenderse de éstos. Sin embargo, esto dijo López Obrador al conocer los resultados de la elección que lo eligió presidente: “Llamo a todos los mexicanos a poner por encima los intereses personales por legítimos que sean. Hay que poner por encima el interés superior”.

Ya entrado en los diretes, el presidente machacó: No me gusta andarme por las ramas y estoy acostumbrado a llamar al pan, pan, y al vino, vino. Bien, es sano decir lo que se piensa, aunque su actuar contraste con el que asumieron Olga Sánchez Cordero (gobernación), Alfonso Durazo (seguridad pública) y Javier Jiménez Espriú (SCT), durante la conferencia de prensa en la noche del mortal accidente. No esperaba menos, firmeza, respeto, prudencia y templanza de tres personas adultas.

No obstante que fue noche buena y navidad, fechas muy importantes que celebramos los mexicanos, la atención en las redes sociales se centró en las agrias reacciones por la tragedia; en eso sí coincidieron lo más graneado del radicalismo exacerbado de la izquierda y derecha mexicana. Cada extremo  repartió ataques e injurias como buenos deseos y perdón se espera de estos días.

Ya entrado en gastos, el luto por la trágica muerte de dos figuras públicas importantes pasó a segundo término. En su conferencia de prensa matutina del jueves 27 de diciembre, el presidente de México continuó con su arenga personal y tachó los nuevos tiempos de canalla, cuando todos esperamos tiempos de reconciliación. Si fue capaz de perdonar las atrocidades del gobierno de Peña Nieto, es incapaz de sortear la furia y el odio de los violentos.

Hay una frase: “Al enemigo que huye puente de plata”, del Gran Capitán y militar castellano, Gonzalo Fernández de Córdoba, al referirse frente a sus tropas como mandato para evitar los obstáculos y facilitar la huida del enemigo vencido. Como tal, recomienda liberarse de los enemigos o toda persona que pueda o desea causar algún mal o daño. Todo indica que a Andrés Manuel no se leda, sólo a los caballeros.

Es muy preocupante que el mandatario mexicano en su concepción radical de la libertad de expresión, descuartice la prudencia que se espera de él y haga añicos la esperanza de recuperar los tiempos de concordia.

Un cambio de régimen para bien, no debe construirse a partir de sepultar al enemigo bajo lozas de desprecio ni de la diatriba. El que aparenta bondad por los años que le preceden, pero que su boca sale fuego, no hace sino grafitear el óleo de la confianza y la credibilidad.

Como lo comenté en colaboraciones anteriores, ya no espero que en este sexenio surja el mejor presidente de México. Muy a mi pesar, visualizo molinos de viento caídos con epitafios inscritos: “aquí yacen los restos de un hombre ordinario que se creyó siervo de la nación, benemérito de las américas, apóstol de la democracia y tata de los indígenas, pero que broncoaspiró con sus propias palabras”.

P.D. Lo mejor que le puede pasar a los poblanos es que los gobierne un ciudadano ejemplar, sin cordones umbilicales malignos. Es pedir mucho, lo sé, pero más se vale ser optimista y creyente.

Manuel Narváez Narváez

 mnarvaez2008@hotmail.com

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