Mundo Raro

Suele ocurrir, concluida la reflexión de la semana, sucede algo más; así fue. Conste que con este título no quiero aludir a la canción de José Alfredo Jiménez, ¡ajúa!, y sí a lo que ocurre en el Mundo.

Tenía escrito algo ligeramente jocoso y absolutamente cierto llamado: “HOPLESLIDIVOITEDDUYÚ” que describe la tristeza proveniente de mis denodados esfuerzos por aprender la lengua del Checspir, pero no; se me atravesaron las misses: la Miss España, la Miss Ucrania, la Miss Mongolia y aquí estamos.

Mi escaso público lector sabrá de qué va la cosa: en la península ibérica y en la lejana República del Asia central, festivamente eligieron a un exhombre como Miss España1 y a otro como Miss Mongolia;2 en Ucrania, extrañamente le impidieron a una mujer ser su representante porque era madre de familia;3 y en Inglaterra…, ¡ay! ¡en England!, “para evitar discriminar a las personas transexuales e intersexuales, la Asociación Médica Británica recomendó a sus afiliados sustituir la expresión ‘futura madre’ por ‘personas embarazadas’”.

Cuando uno piensa que la estupidez está llegando a un límite infranqueable, llega la realidad y se supera.Ahora resulta que el acontecimiento biológico más importante en la vida de cada uno de nosotros (sin él simplemente no estaríamos aquí): la maternidad, debe eliminarse —o tergiversarse— de nuestro lenguaje cotidiano para no “herir” la susceptibilidad de una minoría idiota; en primer lugar, ¿quién en su sano juicio puede sentirse “lastimado” por cómo o porqué llaman como llaman a otra persona? En el colmo del alucine: ¿Qué tan enferma, qué tan dañada del cerebro, debe estar una persona para sentirse ofendida o agredida porque le dicen a otro ser humano “madre”? ¿Qué cabe la posibilidad de que, virtud a los avances de la técnica (a eso no se le puede llamar “ciencia”), alguna de esas personas a quienes les da por cambiarse de sexo quede embarazada? ¡Felicidades! Pues se le dice “mamá”, “madre”, “má”, “mami”, “mamita”, “jechu”, “cabecita de cebolla” (aunque se tiña el pelo) y punto.

¿A qué tanto ruido y tanto estrépito en ese afán imbécil de desnaturalizar las cosas, cambiándoles el nombre, en aras de no herir susceptibilidades?Ese afán, como se ve, ha prosperado; ahí están la Madre Patria y esa cáfila de mongoles, en los dos países, que no me dejarán mentir; donde muy orondos acaban de elegir sendos exhombres, como el paradigma de la belleza… femenina.

Eso sin contar con que, en realidad, lo que está en competencia es la habilidad de los respectivos cirujanos (¿o serán los mismos?); quienes, desde el mentón afilado y la nariz perfecta, hasta la protuberancias mamarias y demás recovecos de la pretendida mujeril anatomía, son los verdaderos artífices de tanta hermosura.

Por supuesto que deberán modificarse las reglas del Miss Universo; sería un acto de auténtica discriminación y de vileza sin cuento permitirle a una minoría que del quirófano salga a ganar un certamen de belleza; y en cambio, una muchacha más bien feyona, pero con varo suficiente —hija de narco y narca, pongamos por ejemplo—, no pueda ir a hacer lo mismo: internarse en una exclusiva clínica, entrar como alebrije y salir como un pimpollo.

Esto ocurre porque no hay quienes alcen la voz para manifestarse en contra de esa conjura —no hay forma de llamarla de otra manera— empeñada en trastornar la naturaleza de las cosas, a impulsos de una imaginación afiebrada y una irresponsabilidad sin límites.

Por cierto, a ese respecto, el próximo sábado 20 de octubre, aquí en Chihuahua, tenemos la maravillosa oportunidad de comprometernos verdaderamente para frenar esa locura que llama “libre decisión” al asesinato de bebés: la cita es en la Plaza de Armas, a las 16:30 horas, en la “Fiesta por la Vida”.

Luis Villegas Montes

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