El Desprecio del Peso

Guillermo Barba

Ayer fue otro mal día para el peso. El tipo de cambio frente al dólar subió hasta casi los 19.50 en el mercado interbancario, un máximo de dos meses.

Algunos factores que antes tendían a beneficiar a nuestra moneda, ya se han ido quedando atrás, como una favorable renegociación del TLCAN –cuyo acuerdo en principio entre EU y México, se anunció la semana pasada-, y el exagerado optimismo por la abrumadora votación mayoritaria que recibió el ahora presidente electo, Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

En el primer caso, a pesar de que aún no se suma Canadá y de que la firma definitiva no ha ocurrido, los inversores ven ya como poco probable que el tratado se cancele.

No. El temor de los mercados ahora es por la crisis que están atravesando economías emergentes. Sudáfrica por ejemplo, ya entró en recesión y vive una crisis político-social con un presidente que quiere despojar de sus tierras a los blancos; también, hay problemas político-electorales en Brasil, donde Lula no podrá ser candidato presidencial; la lira turca y el peso argentino han caído a mínimos históricos frente al dólar a causa de los desbalances financieros de sus respectivos países, etc.

De esta manera el temor de una crisis de contagio generalizado arrastra a monedas, que técnica y fundamentalmente no están en una situación tan frágil, como nuestro peso.

Lo que sucede es que cuando los inversores se sienten inseguros, venden estas monedas débiles y compran el dólar, que los hace sentir más seguridad, pero con ello elevan el precio del billete verde.

Esto ocurre por si fuera poco, en medio de un clima de tensiones comerciales entre EU y China, contra quien se espera que el gobierno de Trump anuncie nuevos aranceles por hasta 200 mil millones de dólares mañana jueves, mientras la Reserva Federal estadounidense se anticipa que seguirá subiendo las tasas de interés.

Hay pues un doble incentivo: nerviosismo y caída de precios en activos de riesgo, con expectativas de mejores rendimientos en dólares, lo que atrae como imán a los capitales hacia la seguridad.

Todas estas condiciones se ven ya como peligrosas nubes, que amenazan con convertirse en una ‘tormenta prefecta’ para mercados emergentes.

No es descartable que haya este mes o en octubre, un pánico especulativo que colapse los mercados bursátiles y de divisas en favor del dólar, y más, porque gobiernos como los de Argentina y Turquía no están tomando las ‘medicinas’ económicas necesarias.

¿Se puede salir del agujero económico sin reducir los excesos de gasto, como se resiste a hacerlo Erdogan en Turquía? ¿Se estimula la economía gravando exportaciones y controlando precios como está haciendo Macri en Argentina? ¿Se puede convencer a Trump de que los aranceles a quienes más perjudican, es a los consumidores de su propio país? ¿Podemos evitar que la Fed siga elevando los tipos de interés? La respuesta es obvia: no.

Justo por este ambiente externo adverso, es muy importante que en México el Paquete Económico para el primer año de gobierno de AMLO –que pronto estará revisando el Congreso de la Unión-, cumpla con lo que prometió en campaña: esto es, que tenga un presupuesto equilibrado para que la deuda pública no aumente, y que no suban los impuestos.

También es importante que NO se cancele el Nuevo Aeropuerto Internacional de México y que no se siga con el financieramente inviable proyecto de construir refinerías.

Mensajes económicos como esos, son indispensables para que México pueda sortear de mejor manera la tempestad financiera que se avecina sobre los emergentes, y de la que no estaremos exentos.

El propio AMLO ha reconocido que el país no atraviesa una crisis política ni financiera (todavía), pero de la calma a la crisis sólo hay un paso de distancia.

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