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Chupados Por La Bruja


TEL AVIV.- Madonna hizo del Festival Eurovisión un sórdido templo de satanismo con una bizarra actuación sobre el escenario.

Ataviada con indumentaria de corte extraterrestre, coros gregorianos encapuchados y simbolos ocultistas de origen milenario, la llamada Reyna del Pop combinó la majestuosidad de la música sacra con las densas tinieblas que cimbran el jazz electrónico.

El escenario en tinieblas fue un enigmático templo iniciático en el que los coreógrafos de movimientos felinos actuaban como monaguillos de la noche con disfraces de cabras, diablos y monstruos dantescos.

Todo era oscuro en vivos rojos y fugaces donde los encapuchados de densos hábitos monásticos se deslizaban como sombras mientras la sacerdotisa con titubeantes pasos se apoderaba del escenario. Madonna ya no es la hipnotizante gacela que se contorsionaba cual si fuera de goma al ritmo de la música electrónica, sino que ahora es una sesentona reumática que con dificultad se agacha tratando de ser lujuriosa.

Madonna irrumpió en el escenario bajo una luz mortecina que iluminaba apenas la corona luciferina sobre su testa y el tercer Ojo de Horus tachado con fulminante X.

La herejía del performance es maquillada con tierna escena geopolitica que conmovió a la audiencia, en que Palestinos e Israelitas hacen la paz y se casan finalmente en abominante misa negra.

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