Estamos pagando la cruda de una borrachera que no disfrutamos: la embriaguez electoral del 2010. Entonces parecía haber una competencia para ver cuál candidato o cuál partido quitaba más impuestos. Una puja demagógica a ver quién era el más concesivo con los contribuyentes; que yo quito la tenencia, que yo el replaqueo, que yo bajo el predial, etc. etc. Pero penas van quince meses de gobierno, se quitan la piel de oveja populista y aparece debajo el verdadero lobo feroz recaudatorio.
Y como el 2011 fue “año de gracia”, es decir, de que los gobernantes se congraciaran con las y los gobernados, las cargas fiscales no se vinieron fuertes. Pero, se vino el 2012, “año sin gracia” para las y los contribuyentes. Y, gracias a un paquete económico votado por el Congreso del Estado que, parafraseando a José Alfredo “pa’bajo no sabe mirar”comenzamos este año con un nuevo impuesto de 300 pesos a los vehículos, nuevos cobros por replaqueo, e incrementos muy fuertes en el impuesto predial. Esto sin hablar de los aumentos en los recibos de agua potable, drenaje y alcantarillado, así como de energía eléctrica.
La loza en las espaldas del pueblo se hace, pues, más pesada. Y hablamos de un pueblo, el chihuahuense, perjudicado como pocos no solo en lo social y familiar, también en lo económico, por una violencia que no desató, por una crisis económica que no causó, por una sequía que no tuvo en sus manos cuando menos amortiguar, por un desempleo –uno de los más altos del país- que sus gobernantes no han podido o no han querido reducir.
Es cierto que las arcas públicas, ya sean federales, estatales o municipales están casi al borde de la pobreza alimentaria, para usar una metáfora muy de moda. Que somos uno de los países de América Latina donde el fisco tiene tasas de recaudación más bajas. Pero esto no es culpa ni responsabilidad de los cumplidos y abnegados contribuyentes cautivos, siempre los mismos. Los mismos canes sobre los que echan todas las pulgas.
Porque ahora nos enteramos de que, a pesar de que nuestras constituciones, la General y la del Estado Libre y Soberano de Chihuahua, establecen la igualdad, en realidad no somos iguales, iguales. ¿Somos iguales que la Organización Mexicana de Aeropuertos (OMA)? ¿Entonces por qué no paga el impuesto predial a pesar de los precios exorbitantes que cobra por su desprotegido estacionamiento o los atracos de sus negocios de comida (48 pesos una cerveza y 90 un sándwich)? ¿Y qué decir de los dos diputados que, solos, pueden deber tanto predial como todas las humildes casas de una colonia popular? Declaran las autoridades que “ahora sí se van a ir duro y a embargar a los grandes deudores del predial”. ¿No será esto un truco para animar a que los pequeños deudores paguen y luego seguir consintiendo a los grandes, a los que tienen dinero para ampararse, a los que pueden negociar grandes descuentos?
Lo que más pasma ante todo esto es la conducta de las y los “representantes populares”, es decir de las y los diputados (aclaro porque luego no es evidente que el ostentar el puesto los haga verdaderos “representantes”.) Conocieron –si es que- y aprobaron un paquete económico, en el que figuran las nuevas tablas de valores para el predial, un paquete fiscal para 2012, sin decir ni pío, comiendo de la mano del Ejecutivo del Estado. Una vez más dieron muestras contundentes y palmarias de que en Chihuahua la división de poderes es algo tan extraño como las playas o los baños de mar. ¿Para qué entonces anunciar con bombo y platillo sus “informes anuales”, si en una de las pocas cuestiones en las que el pueblo les pide sensibilidad y compromiso con su vulnerada situación, le voltean la espalda?
Ahora bien, la apuesta es que las y los contribuyentes se desgasten, se resignen y terminen pagando, por injustos que sean los impuestos. Habrán razonado: “cualquier acción legal, cualquier movimiento en contra del nuevo impuesto para pavimentación hará más caro el caldo que las albóndigas” Como razona el monopolio telefónico que bien puede cargar un peso más a cada recibo de celular y nadie se molestará por reclamar y a cambio obtendrá una ganancia adicional de 70 millones de pesos mensuales.
Por eso son loables y dignas de imitar las acciones de diversas agrupaciones de la sociedad civil chihuahuense. Como las de las y los cuahtemenses que juntaron firmas y se las vinieron a restregar en las narices a los diputados de la permanente. O la del Frente de Consumidores de la Ciudad de Chihuahua que ha convocado a la realización de “retenes ciudadanos” para protestar contra los nuevos impuestos y las nueva alzas a los impuestos viejos.
Gente como ellas, gente como ellos, salvan la dignidad de Chihuahua.